Noticias desde mi retiro analógico

Ya va más de una semana desde que me desinstalé redes sociales del celular. No tengo ni instagram, ni facebook, ni tik tok. El primer día me sorprendí varias veces agarrando el dispositivo en automático, sin pensar, para entrar a instagram. Recién al momento de desbloquear la pantalla recordaba que no había “ningún lugar adonde ir”, y un profundo alivio invadía mi cuerpo. Con los días ese ímpetu se fue amainando y a más de una semana de este detox tecnológico, puedo decir que no solo es posible vivir sin ese estímulo, si no que me gusta la vida sin esa demanda.

Día por medio entro al instagram por la computadora, para contestar algún mensaje o ver alguno de los tantos reels que me manda mi marido por día. Se siente bien esta distancia. Me recuerda a la primera vez que me bajé facebook a mis tiernos 18 años. Eso de entrar un ratito a ver qué está pasando y luego salir, y dejar todo lo que vi, ahí, no llevarmelo conmigo.

Hay algo de tener tanta información a disposición en el celular, en cualquier momento, que genera mucha más dependencia. Casi una urgencia. Está más a mano, e incluso si une silencia todas las notificaciones, sabe que van a haber nuevos me gusta, compartidas, gente que empieza a seguir, mensajes, solicitudes de mensajes.

El sistema nervioso se mantiene en alerta, en una constante respuesta de orientación. Si para los hombres de las cavernas la alerta consistía en estar atentxs a los animales salvajes alrededor de la cueva, para nosotrxs hoy la alerta está ligada a la hiperestimulación digital que genera ese pequeño aparatito que se ha vuelto un apéndice de nuestro cuerpo. Y eso que en mi caso, como en el de la mayoría de quienes me están leyendo, esta dependencia apareció de grande, habiendo aprendido a controlar mis impulsos. Pienso mucho en las niñeces que están creciendo con este nivel de sobreestímulo, de demanda, de adicción. Estamos siendo testigos y cómplices de una generación presa de la tecnología. Ya no es una herramienta, es un dispositivo de control que hace que les niñes tengan mucha menos capacidad de atención, problemas a la hora de entablar el sueño, poca tolerancia a la frustración y que promueve la impulsividad.

Esta semana salió en varios medios la noticia de que la generación z es “menos inteligente” que los millenials. Pero no se trata de inteligencia, sino justamente de saturación. Dormir mal impacta directamente en la memoria, el aprendizaje y la regulación emocional. Y el uso nocturno de pantallas creció fuerte, sobre todo entre jóvenes. Recién ahora, en algunos países están apareciendo regulaciones, porque sin dudas esta es una problemática de salud. No es casual que estemos viviendo la mayor crisis de salud mental justo en tiempos de hiperestimulación e hiperconectividad. Lo que me lleva a pensar que como adultos, aún no teniendo niñxs, tenemos que realmente evaluar nuestra conducta digital.

Irónicamente se habla muchísimo de bienestar en las redes sociales. Harta estoy de la cantidad de cursos, detox y un montón de recetas para alcanzar la paz y la tranquilidad (y la abundancia, mucha cuenta de ig hablando de abundancia). Un oxímoron cínico, completamente a la altura de la distopía en la que estamos viviendo.

El verdadero detox en estos tiempos, no es dejar el gluten, el azúcar y los lácteos.  

El verdadero detox es dejar de hiperestimular nuestro sistema nervioso.

Los parásitos que deberíamos querer eliminar, son todas estas aplicaciones que se alimentan de nuestra atención, nuestra energía vital.

No creo que el mundo cambie si todos nos desinstalamos las redes sociales del celular. No soy ingenua. Pero sí me parece importante tener esta conversación entre quienes voluntaria o involuntariamente caemos en el “mercado de bienestar”. Y entre quienes el futuro de las próximas generaciones nos preocupa y nos ocupa.

¿Qué diferencia hay realmente entre las generaciones de padres que fumaban como chimeneas y tomaban alcohol como si fuera agua con los padres que “llevan una dieta sana” pero están todo el día con el celular? Ninguna. La adicción cambió de forma nada más, y así como con el tiempo descubrimos que fumar tabaco podía producir cáncer, ahora estamos empezando a ver que el uso de pantallas y redes sociales sin control produce ansiedad, insomnio, impulsividad, falta de atención, entre otros.

Mi detox no tiene un tiempo, ni una fecha de vencimiento. Tampoco es que haya decidido nunca más tener redes sociales en el celular. Simplemente necesitaba volver a sentir que tenía agencia. Quería volver a elegir. Y por ahora está funcionando.

Ojalá vos también puedas ir reencontrandote con tu agencia y con tu deseo, sea de la manera que sea.

Gracias por leerme y haberme brindado tu atención.

Cariños,

Chiara

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